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Armagedón, profecías sobre el fin del mundo

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¿Cómo será la guerra entre el bien y el mal? ¿hay señales en el presente que la estén anunciando?

M iseria, enfermedad y catástrofes son las señales de la época que nos toca vivir. La clarividencia de los profetas y el estudio cósmico que hicieron los sabios vaticinan el reinado mesiánico de mil años y la vuelta del Mesías. Después, vendrá el Armagedón o la última batalla de Dios contra el Diablo.


Según La Biblia, la ira de Dios será consumada con el derramamiento de las Siete Plagas. Éstas afectarán principalmente a los que tienen la señal de la Bestia y adoran a su imagen.

La marca de identificación personal del Falso Profeta será llevada por todos, alojada en alguna parte del cuerpo reivindicando a la Bestia. Cualquiera que acepte de buena gana esta marca perderá toda la posibilidad de salvarse. Asimismo, la idolatría de figuras con pocas virtudes, el vicio de personas jóvenes con carácter dependiente, la perversión de las tradicionales formas de vida regidas por la ley de dios, son sólo algunos de los aspectos que plantean el Fin de la Era del Hombre. Aquí descubriremos algunas de las claves del Libro del Apocalipsis que nos permitirán reconocer esas señales. Obra del apóstol Juan, desterrado en la Isla de griega de Patmos, es quizá el más famoso de todos los libros del Nuevo Evangelio. Una narración sobre el futuro escrita hace casi dos mil años, que parece estar haciéndose real aquí y ahora.

EL APOCALIPSIS Y LA VUELTA DEL MESÍAS

“El Tiempo del Fin”, “Últimos Días”, “El Final del gobierno del Hombre” y otros términos similares se refieren al período de tiempo que precede inmediatamente al retorno del Hijo de Dios a la tierra. En ese proceso, sobrevendrá el Apocalipsis en la conciencia del ser humano, es decir, se revelará la redención de la humanidad a través de la palabra de divina, porque eso es lo que la palabra apocalipsis significa en griego.

Esta revelación será inmediatamente anterior a la vuelta del Mesías, el Rey de Reyes, marcando el inicio de su reinado en la Tierra: “…Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión” (Apocalipsis 20: 7). Por esta razón, en el inicio de cada milenio -como el actual-, no es extraño que aparezcan líneas de pensamiento que advierten sobre el “fin del mundo” y la llegada de una “nueva era”.

La venida de Jesús

En estos momentos, el reinado de Jesús ha entrado en su tercera etapa e iniciado un nuevo milenio tras doblegar al falso profeta y encerrarlo por mil años más en su abismo. Anteriormente, las conquistas cristianas ante la Bestia han coincidido con procesos históricos en los que se han desarrollado grandes imperios y en una lucha espiritual por la libertad. Así, por ejemplo, la llegada de Cristo en el Año Cero coincide con la máxima expansión del Imperio Romano; al igual que el primer milenio, que repite esa batalla entre el bien y el mal mil años después.

Eso simbolizan las Cruzadas cristianas hacia Tierra Santa, entre el siglo X y el XIII, que son expresión de ese proceso de tribulación en el que la palabra de Dios se había vuelto un motivo para emprender nuevas guerras entre hermanos. Finalmente, el comienzo de este Tercer Milenio también se avizora signado por la explotación que impone la vida moderna, donde prima el individualismo sobre el bien común y donde la avaricia materialista de la vida organizada por el trabajo asalariado domina nuestras vidas y perfila una deshumanización creciente

Incluso, es tan acertada la correspondencia entre los hechos descriptos en el Apocalipsis y el relato histórico, que esta guerra entre el bien y el mal es anterior a la llegada de Cristo. Porque el Armagedón refiere a la llamada batalla del fin de los tiempos, ocurrida mil años antes de Cristo, en el monte Megido, entre el ejército de Tutmosis III y una coalición de pueblos cananeos. Los primeros vencieron y así los habitantes del valle de Canaán fueron sometidos por el Imperio Egipcio. De ahí, la idea de que todo cambio de era parece presuponer una guerra real y espiritual que da nacimiento a un nuevo orden histórico, moral y social.

LAS SIETE PLAGAS

En Apocalipsis 16, se describen estas plagas como azotes terribles que nos advierten sobre la necesidad de vivir conforme al Evangelio, para ir al encuentro de nuestro Dios. Las advertencias de San Juan Evangelista apuntan a señalar las catástrofes naturales, anticipando la forma en que actualmente éstas flagelan al espíritu humano.

Primera plaga: Derramada sobre los hombres que tienen la señal de la “bestia” y sobre los que adoran su imagen (Apocalipsis 16: 2).
Segunda plaga: Se extenderá sobre el mar, convirtiéndolo en sangre y causando la muerte de todo ser viviente (Apocalipsis 16: 3).

Tercera plaga: Asolará ríos y fuentes de aguas, haciendo que se conviertan en sangre; una metáfora más sobre la violencia (Apocalipsis 16: 4-7).
Cuarta plaga: Aumentará la temperatura del Sol y éste quemará a los hombres, y ellos blasfemarán a Dios sin arrepentirse de sus malas obras (Apocalipsis 16: 8-9).
Quinta plaga: Derramada sobre la “Silla de la bestia”, cubriéndose su reino en tinieblas, desesperándose los hombres y “…mordiéndose sus lenguas por el intenso dolor, blasfemando el nombre de Dios, pero no se arrepintieron de sus obras” (Apocalipsis 16: 10,11).
Sexta plaga: Se secarán las aguas del río Éufrates y se preparará el camino para los reyes de Oriente. Junto a esta plaga, Juan tiene otra visión: “Tres espíritus inmundos a manera de ranas que salen de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta. Espíritus que hacen señales a los reyes de la tierra… congregándolos en el lugar llamado Armagedón” (Apocalipsis 16: 12-16; Isaías 66: 5, 16; Joel 3: 9-16).
Séptima plaga: Derramada sobre el aire, escuchándose una gran voz del templo del cielo, del trono diciendo: “Hecho es. Habiendo relámpagos y voces y truenos, … un terremoto tan grande cual no fue jamás… Partiéndose en tres partes la ciudad grande; cayendo las ciudades de las naciones… para que se le dé del cáliz del vino del furor de la ira de Dios… Y cayó del cielo sobre los hombres”. (Apocalipsis 16: 17–31; Ezequiel 38: 18 -22; Job 38: 22, 23).

LAS PROFECÍAS

Analizando, podemos ver que la primera y quinta plaga afectarán a los hombres identificados por un credo o actitud religiosa. La segunda, tercera y cuarta plagas serán derramadas sobre objetos físicos, que al recibirlas dañarán a la humanidad toda. La sexta y séptima destruirán el planeta Tierra: hogar de los hombres y todos los seres vivos.

Pareciera que la ira de Dios avanzará progresivamente como una advertencia para terminar –literalmente- en una gran explosión cósmica final.

666, LA MARCA DE LA BESTIA

En Apocalipsis 13: 16, 17 y 18, se dice “…a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha o en la frente; y que no pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca de la bestia… El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia… 666.”

Sin embargo, en la Biblia, el número 6 alude al hombre, lo que, en realidad, significa que el “666” representa al hombre en su punto más alto de exaltación, es decir, cuanto más alejado de Dios se halla: ésa sea quizá la verdadera bestia.

A través de los siglos, las personas han especulado sobre la identidad del Anticristo aplicando las varias fórmulas para detectarla. Sin embargo, más que un código oculto, esta marca refiere a las épocas de máxima tribulación de la humanidad.

En otras palabras, habla de la aflicción que produce el gobierno de los falsos profetas sobre los hombres.

LAS SEÑALES DE HOY

Hay muchas probabilidades de que San Juan se refiriera a nuestros actuales registros de identificación. También, podemos conectarlo con la codificación producida por la tecnología. Así las computadoras pueden ser una metáfora de ese hombre llevado a su máxima exaltación deshumanizada. Asimismo, podemos ver esos números como un símbolo del poder financiero en el mundo, un mundo regido por tarjetas, billetes y códigos. Un mundo en que el ser humano ha quedado reducido a cifras.

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